Este
joven vecino de Angrois admite encontrarse todavía un poco impactado. «Aún
estoy un poco impactado, ver a tanta gente muerta no es nada fácil. Tantas
personas tiradas por el suelo...», afirma José Ramón, mientras baja su mirada
al suelo, presa del cansancio de una noche de trabajo y sufrimiento, de la
tensión vivida y de unos pensamientos que está seguro de que nunca olvidará.
«Ver a personas a las que le faltan partes del cuerpo es algo que creo que no
se me olvidará nunca», comenta.
Los vecinos del
barrio de Angrois se volcaron en ayudar. Martín Rozas "Era
algo espeluznante"
Martín Rozas no viajaba en el tren accidentado en Santiago de Compostela, pero desde
el bar que regenta su familia, situado a unos escasos 50 metros de donde
aterrizó el vagón que voló por encima del talud, ha ayudado todo lo que ha
podido.
Fueron los clientes y los dueños de este bar del barrio de Angrois
-unos 150 vecinos en la zona rural de Santiago-, los primeros en llegar a
prestar los auxilios al vagón, que había aplastado el palco de la feria.
Algunos de estos vecinos no dudaron en romper con sus propias manos los
cristales de las ventanas del tren para rescatar a las víctimas.
Algunas, reconoce Martín, se les murieron en las manos "con mucha
pena".
"Era algo espeluznante", asegura a Efe este
joven, que en cualquier otra víspera de las Fiestas del Apóstol habría cerrado
el bar sobre las once de la noche. Sin embargo, la de 2013 no la olvidará
jamás, y no solo porque tuviera el bar abierto hasta el amanecer.
Otra de las historias de esta tragedia es la de Ana Belén Leis, santiaguesa de
37 años con dos hijos pequeños, y residente en Villena (Alicante). Viajaba en
el primer vagón del tren a Santiago para la celebración de una comunión este
fin de semana.
Tuvo el primer impulso de ir a su casa tras el accidente ferroviario sin pasar
antes por un centro médico. El siniestro ocurrió a unos escasos 400 metros de
la casa de sus abuelos, donde iba a hospedarse. Al final, tras ser atendida por
su tía política, Ana Belén acudió al Policlínico de Santiago, donde permanece
ingresada, con lesiones en un ojo, cortes por cristales en la cabeza y con
dolor en una pierna.
Su abuela, Soledad Dubra, cuenta la historia de su nieta emocionada, con
lágrimas en los ojos.
Los héroes anónimos de Angrois – Antonio, Mari
Carmen, Luz…
El huerto de Antonio está pegado a las vías del tren. Su casa, a
escasos metros, se llenó ayer de periodistas y curiosos que sacaban sus
smartphones para dar cuenta de la catástrofe. Él, sin embargo, la vivió en primera
persona. Fue uno de los primeros que acudieron a ayudar a los viajeros que «no
dejaban de gritar» y utilizaban cualquier cosa que tenían a mano para ayudar a
las víctimas. En un primer momento pensó que un camión se había salido de la
autopista, pero al asomarse vio arder uno de los vagones. Hasta las cuatro de
la mañana estuvo «salvando a los que podía». Unos cincuenta vecinos acudieron
con sábanas, agua, mantas y «todo lo que encontrábamos por casa», añade Mari
Carmen. Ella vio cómo el tren tomaba la curva a mucha velocidad, más de la
habitual: «Nunca la había cogido tan rápido, incluso a veces el tren se para al
entrar. Minutos después vimos cómo saltaba uno de los vagones».
Mientras Mari Carmen corría para ayudar acompañada de sus hijas,
Antonio ya se olía lo peor y no se equivocaba: «Con ver la situación de los
vagones sabías que la tragedia rozaba la del 11-M. Todo me recordaba a ello».
Al bajar, lo comprobó in situ: «Pisamos cadáveres, muchos de ellos sin todos
sus miembros en su sitio». Tablas de madera les sirvieron de camillas
improvisadas, cualquier cosa era válida en estos momentos de angustia: «Algunas
vecinas trasladaron a enfermos en sus coches, aunque las ambulancias tardaron
unos diez minutos en llegar». Lo que más impactó a este agente fueron los
gritos de los viajeros y la cantidad de niños que había en las vías. «Tratamos
de sacar a la gente como pudimos, pero los hierros nos lo impedían. Conseguimos
romper algunas ventanillas y abrimos los amasijos para que las víctimas
pudieran salir. Vi tanta muerte que tuve que irme», relata la vecina que se
encontró con «tres supervivientes sin ropa»: «Habían salido por sus propios
medios y querían ayudar». Al igual que Antonio, también tiene grabada la
cantidad de menores que viajaban en el tren: «Me crucé con un señor que llevaba
en brazos a un bebé, quise ayudarle pero sólo gritaba: «No me quites al niño,
no me lo quites». Otra de las vecinas de las apenas veinte casas que rodean las
vías, Luz Sixto, comenta cómo vio «toda una hilera llena de cadáveres, estaban
todos en un lateral». También recuerda cómo «una niña salía preguntando por su
madre, se agarraba el brazo, creo que lo tenía medio amputado». Ella, al igual
que el resto de vecinos, apunta a la hipótesis del exceso de velocidad: «Mirábamos
con envidia el AVE de Sevilla porque éste nunca corre, pero anoche lo vimos
volar por primera vez».
Los tonos de los teléfonos móviles
volvieron una vez más a ser testigos de una tragedia. El primer impulso de los
familiares es marcar el número de sus seres queridos, esperando escuchar su voz
y respirar tranquilos. Muchos lo intentaron, pero nadie estaba al otro lado
para descolgar. Los testigos cuentan cómo muchos de esos teléfonos no dejaban
de sonar. Ellos no podían responder, sólo seguir ayudando.
Jesús
Martínez: “Cargué muertos. Espeluznante!”
Y
de repente se hizo el silencio. Un silencio atronador que contenía toda la
heroicidad de Angrois, una barriada poco conocida a las afueras de Santiago por
su zona sur. Retirada, de esas por las que solo pasan a diario los lugareños,
algunos de los que todavía cultivan hortalizas -ayer pisoteadas- en sus
jardines. La tragedia colocaba
en el mapa de las desgracias a Angrois. Y descubría el coraje de sus
habitantes.
Ellos
habían sido los primeros en enterarse de lo que acababa de suceder cuando el tren descarriló frente a sus
casas. Habían escuchado un enorme estruendo y chirridos. Los primeros en ayudar a las víctimas con lo que
tenían: las mantas que con
las que siempre habían arropado sus fríos en los húmedos inviernos
compostelanos daban ahora calor a los heridos y sepultura a los fallecidos
esparcidos. Con sus manos
rompieron vallas y ventanas.
«He
cargado muertos, he sujetado sueros...», cuenta Jesús Martínez Cruz. Acaba de
subir del escenario de la catástrofe. Le espera su mujer, aún nerviosa,
sobrecogida e impaciente, casi sin acertar a decir palabra, sentada con su
chaleco reflectante en el césped seco, rodeada de vendas, guantes, trozos de
papel con sangre, jeringuillas... Es el mismo lugar donde pocas horas antes se
acumulaban afectados.
Pero
ahora los servicios de emergencias ya no necesitan a los vecinos, que fueron
los primeros en correr en auxilio de quienes gritaban «¡ayuda, por favor!
¡Sacadme de aquí». Y, entonces, Jesús y el resto, a medianoche, pasan a un
discreto segundo plano tras el cordón de seguridad. Se habían vaciado para dar
todo lo que les pedían. Y en ese silencio, Angrois comenzaba a forjar su
leyenda de hombres generosos y
valientes. Todos los vecinos juntos, apiñados en una cuesta, en absoluto
mutismo, despiertos durante una larga madrugada, tratan de otear cómo
evolucionan los trabajos de recuperar cadáveres varios metros abajo.
Pero aún a esa hora algunos, como Jesús, se resisten a no poder
echar una mano, y él se enzarza en una breve discusión con uno de los agentes.
Termina por comprender que su colaboración altruista ya ha terminado.
Reunidos en el bar, sentados en el suelo, bomberos exhaustos esperan a que dos
grandes grúas se preparen para mover los vagones en peor estado, los de la cola
del tren. Y en el bar Rozas, Martín Rozas improvisa cafés para todos.
Periodistas, policías, el fiscal, personal jurídico..., todos van pasando por
la barra en busca de solos, cortados y con leche -preparados con una cafetera
de las de casa, tal es la humildad de su negocio- para lograr reponer fuerzas.
Ahora
Martín despacha azucarillos. Pero pocas horas antes también él había corrido
hacia las vías. Estaba con un grupo de amigos cuando oyó el estruendo. «¡Ha sido espeluznante!». En voz baja, entrecortada por la
emoción, siguen las conversaciones: los que por el ruido pensaban que era una
bomba, que se había caído el puente...
Manuel Leis: “Bajé a ayudar a los heridos y me encontré a mi hija
entre ellos” (publico.es - imposible copiar el enlace)
La tarde del pasado miércoles, los vecinos estaban a lo suyo,
ocupados con sus tareas cotidianas, inmersos en la misma rutina que ahora
tratan de recuperar; aunque ya nada vuelva a ser lo mismo. En una de las calles
que se ha convertido en el mirador improvisado, desde el que otear mejor las
vías del tren e invadido ahora por trípodes y cámaras de televisión, todavía
cuelgan banderines de plástico descoloridos por el sol. "Fue una suerte
que no pillase a nadie en elcampo
da festa" [lugar vecinal que acoge las celebraciones en los núcleos
rurales de Galicia], afirma Javier Rosado, de 26 años, uno de los primeros en
llegar al lugar del accidente. "Suelo venir aquí por las tardes porque
vivo muy cerca. El miércoles, cuando estaba de camino, de repente, escuché un
estruendo tremendo y un olor a quemado muy fuerte. Pensé que había explotado
una botella de butano". Sin ni tan siquiera pensarlo, Javier salvó el
desnivel y bajó hasta el tren accidentado.
"Había
cristales y maletas por todas partes, gente aprisionada entre los
sillones"
Para entonces, los vecinos ya habían
cortando las alambreras que persuaden a los intrusos de acercarse a los raíles. De entre los
fotogramas que componen su película personal de la tragedia se le ha quedado
grabado el primero: "Había una pareja con un bebé muy pequeño en brazos y
un niño de entre 5 y 8 años. El bebé parecía estar perfectamente bien. Los
sacamos a los cuatro". Lo que sucedió en las siguientes cinco o seis horas
ininterrumpidas en las que colaboró en las labores de rescate solo los allí
presentes lo saben. "Rompimos las ventanas para meternos en los vagones.
Había cristales y maletas por todas partes, gente aprisionada entre los
sillones", rememora.
Javier es lo que Manuel Leis
califica, mientras se limpia las lágrimas, "un héroe". Leis lleva sin
poder pegar ojo desde que empezó la pesadilla, víspera del Día de Galicia.
También vive muy cerca de la curva letal de A Grandería, por lo que no se
encontraba muy lejos. Lo que ignoraba es que su hija viajaba en el tren
siniestrado. "Bajé a ayudar y me encontré a mi hija, sentada en el
suelo", cuenta emocionado. "Lo importante es que nos
salvamos", remacha así, en plural, porque siente que en el convoy también
viajaba él, aunque ni tan siquiera tuviese billete. Ana Belén, la hija, se
recupera en un centro hospitalario de Santiago de los cortes que tiene en la
cabeza. Del momento del accidente solo recuerda que tenía "a una señora
encima" y que, a continuación, salió apoyada "en alguien".
Ese alguien bien pudo ser Abel Rivas
que, desde que tuvo conocimiento del trágico suceso, peleó por "sacar al
máximo número de personas posible" del amasijo de chatarra en que se
habían convertido los vagones. "En un primer momento, pensé que había
descarrilado un tren de mercancías, como otras veces", explica. Fue
bastante peor que eso.
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Estas
han sido algunas de las historias recogidas por la prensa o las TV, pero hay
muchas, muchas más, una detrás de cada uno de los vecinos que vivieron en
directo este hecho luctuoso que marcará para siempre sus vidas.
Estos
héroes ya han tenido muchos reconocimientos, pero hubieran preferido seguir con
sus vidas, sus tareas cotidianas y no haber sido protagonistas de esta triste
historia...
Hubieran
preferido que los Príncipes de Asturias hubieran ido por otros motivos a
visitar su aldea
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Los príncipes de
Asturias visitan a los vecinos de Angrois a los que califican de
"ejemplo"
Los Príncipes de Asturias han acudido
en la tarde de este viernes a la zona de Angrois, donde tuvo lugar el accidente
de tren, para hablar con los vecinos de laa parroquia que participaron en las
labores de ayuda. Sus Altezas Reales han loado la actuación de todos los
habitantes de Angrois, a los que ha calificado de "ejemplo para todo el
mundo".
Varias
decenas de vecinos han permanecido expectantes durante los minutos previos a la
llegada de Don Felipe y Doña Letizia, que se hicieron esperar hasta las 20.10
horas. El grupo, compuesto por personas de todas las edades, ha acogido la
visita con cariño y entusiasmo.
Los
vecinos de Angrois han recibido a los Príncipes a pocos metros de las vías de
tren, tras la curva en la que se registró el accidente. Así, S.A.R. les han
dado la mano e intercambiado algunas palabras, con las que les pidieron que les
contasen algunas de las escenas vividas en la noche del miércoles. Relatos con
los que algunos de los vecinos no han podido reprimir las lágrimas y otras
muestras de emoción.
Los
representantes de la asociación de vecinos de la parroquia han sido los primeros
que han podido hablar con los Príncipes, a quienes han indicado el lugar en el
que sucedió el siniestro y la dirección hacia donde se dirigía el convoy. Don
Felipe y Doña Letizia han estado acompañados en todo momento por altos cargos
públicos de España y Galicia, entre ellos la ministra de Sanidad, Ana Mato, la
ministra de Fomento, Ana Pastor, el presidente de la Xunta, Alberto Núñez
Feijóo y el alcalde de Santiago, Ángel Currás.
Al
finalizar la visita, se ha formado un corro que ha rodeado a Sus Altezas
Reales, momento en que han alabado a todos los habitantes de Angrois, de los
que ha dicho que son un "ejemplo para todo el mundo".
Asimismo,
uno de los vecinos les ha invitado a la inauguración del monumento que
pretenden hacer en la parroquia en homenaje al suceso, proposición que los
Príncipes han aceptado asegurando que volverían los cuatro --en clara
referencia a sus hijas, las infantas Sofía y Leonor--.
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Héroes muy a su pesar
==============Cuando la vida te pide,es necesario dejarse,acudir a la llamada,que te aporta bienestar.Unas veces es amor,otras toca sufrimiento,más ambos aportan pazcuando tu parte tu haces.
Los vecinos de Angroissufrieron una tragediaa la puerta de sus casasy demostraron al mundoque saben bien su deber:ayudar al que requiereconsuelo, ayuda y amor.Esos momentos vividosmarcarán siempre sus vidaslas escenas fueron duraspero más fue su tesón.Lo dieron todo por ellosentregando lo mejor,y lagrimas que regaronesa zona de terror.Ánimo y fuerza deseoa todos esos vecinos por demostrarnos a todoscuán grande es su corazón!
A continuación incluyo los
links de las fuentes originales de donde tomé la información. Allí encontraréis
el relato original y las fotos o vídeos que acompañan a los reportajes.
La Voz de
Galicia – José Ramón Gutiérrez
Antena3 -
Isidoro
ABEL -
Telecinco
…. y La Voz de Galicia
Nueva
España – José Ramón y muchos más
La Vanguardia
– Martín Rozas
La Razón –
Antonio, Mari Carmen, Luz
ABC - Jesús Martínez
Telecinco
- Los Principes de Asturias visitan Angrois