domingo, 28 de julio de 2013

La solidaridad, la compasión y el dolor

Mi primer camino de Santiago, entre Lourdes y Santiago (1.000 km caminando), me ayudó a entender muchas cosas y me dio la oportunidad de encontrarme con el dolor y compartir el ajeno y el propio para ayudar a sanar las heridas y, poco a poco, remontar el vuelo para seguir adelante.

Los casi cuarenta días de caminata me sirvieron para llegar a Melide, donde además de degustar su exquisito pulpo, tuve la ocasión de llegar al fondo de un ser humano, una persona que necesitaba hablar y que la escucharan, que necesitaba compartir su dolor para intentar recuperar el equilibrio vital…

Ocurrió en A Garnacha y lo cuento en mi libro “La CRUZ oculta la LUZ (los caminos de la historia y la historia de mis caminos)”. He extraído parte del contenido de ese capítulo para tratar de compartir con todos los que han vivido esta tragedia ferroviaria palabras que podrían ayudarles a seguir adelante… y recuperar, ellos también, el equilibrio vital.

Extracto del capítulo  9.23  Melide: Pulpo y mucho más

La comida y la sobremesa
entran dos preciosas peregrinas, jóvenes y españolas que son de Madrid, empezaron en Sarria y van deprisa porque el sábado tienen que estar de vuelta para trabajar.
Mientras ellas comen y nosotros seguimos con los chupitos, charlamos y vamos conociéndonos... la confianza va creciendo y surgen las confidencias… la que está a mi lado quiere algo muy especial y nos lo va contando. Al estar sentada en mi banco,  me elige a mí para explayarse, para contarme cosas muy íntimas que nos van uniendo, que van poniendo a flor de piel las emociones. La charla empezó a tocar todas las fibras sensibles de nuestros cuerpos y eso me llevo a escribir al amanecer “mi mensaje para S…”. Ella escribió en mi libreta el siguiente mensaje: "Te diré que sin amor no hay vida y que lo que no me mata me hace fuerte; son dos de las frases que recorren mi cuerpo y dos de las cosas que me hacen seguir con mi vida cada día. Con cariño desde el camino, S…", mientras nuestros ojos se humedecían por la emoción. 
Nos despedimos y cada uno fue en busca de su albergue. Al final no coincidimos y solo nos vimos fugazmente… Ese encuentro me dejó algo marcado, me trajo al presente situaciones pasadas y me ayudó a comprender mucho mejor el sufrimiento y el deseo, la angustia y la esperanza, la intención y la voluntad… y el afán de superación que habita en el ser humano.
Gracias a E.Tolle fui consciente de qué era lo que ella necesitaba en ese momento, que no era otra cosa que tener a alguien que escuchara lo que ella tenía que decir. Fueron unos momentos de intensidad brutal, de fusión de nuestras almas, había conseguido poner en práctica lo que el maestro dice en su libro “El poder del ahora” sobre el arte de escuchar”: No escuches sólo con la mente, escucha con todo el cuerpo. Siente el campo de energía interior mientras escuchas. Se creará un espacio de calma que te permite realmente escuchar sin las interferencias de la mente. Estás dando espacio al Ser de la otra persona y eso sólo se puede conseguir a través de tu propio Ser, de tu presencia.
Horas más tarde, durante la noche, recordé todo lo que habíamos hablado y los sentimientos que habían aflorado en mí… y los recuerdos. Surgió en mí la necesidad de decirle muchas más cosas a S…, la preciosa compañera de mesa que me mostró su corazón mientras acababa con su pulpo.

Mi mensaje para S…: Hoy te vi, y tu alegría (y la de tu compañera)  me iluminó ¿o fueron los chupitos? Dos preciosas chicas jóvenes de Madrid y dos peregrinos que ya se iban y por causalidad se quedaron enganchados allí, en casa de Ernesto (la Pulpería A Garnacha), a seguir retroalimentándose mutuamente…
La charla fue como un río bravo de montaña, excavando las orillas, lamiendo cada roca que encontró, moviendo cada piedra descuidada, remolinos de pasión, de alegría y de dolor, promesas y deseos, ilusiones y certezas, risas y lágrimas y dudas... las que nos acompañan siempre, desde que nacemos hasta que nos vamos ¿o no?    ¡Pues no!   Hay momentos en la vida en los que se acaba con la duda. Nadie dice que sea fácil, pero no es imposible, igual que no es imposible dormir dos horas y media sobre un banco de madera y despertar como nuevo, descansado, relajado, con alegría e ilusión, con ganas de gritar al viento: ¡sí, S…, lo lograrás!,   podrás cumplir tu promesa, podrás vencer tu tristeza y sabrás lo que has de hacer. Saldrás del cuerpo del dolor y lo harás desde la consciencia, serás capaz de abandonar el sufrimiento y anular esos pensamientos que te tienen atrapada... soltarás amarras y navegarás a favor del viento y la nueva brisa que surja de ese proceso de transmutación nutrirá las velas para que tu velero surque el mar y tu vida sea plena y maravillosa... y ya renacida, olvidarás las dudas, la tristeza y el sufrimiento, y destilarás alegría por esos ojos que, húmedos como los míos, compartieron charla y chupitos, sonrisas y lágrimas una tarde de primavera en casa de Ernesto, en la pulpería de Melide, donde convergieron nuestros caminos.

El dolor, la compasión y la esperanza

En mi charla con S…, ambos sacamos parte del dolor que llevábamos dentro, cada uno por algún ser querido. Ambos teníamos heridas que aún sangraban y aprovechamos ese momento para limpiarlas un poco, otra cura más que ayudará a que finalmente cicatricen algún día.
En su momento, al producirse nuestro encuentro en Melide, expresé a través del “mensaje para S…” lo que sentía en aquellos momentos…

Escribí en el libro “No sé si a ella le sirvió, o no, todo aquello para crecer y fortalecer su ánimo” y con el tiempo tuve la respuesta… Un año después, cuando ya había escrito el libro y estaba haciendo presentaciones del mismo, supe que a ella le sirvió aquel encuentro como punto de inflexión para recuperar, no sin esfuerzo, el equilibrio perdido.

Segundo mensaje para S…: Sí, tú me ayudaste tanto y más de lo que yo te ayudé a ti, tú me diste la oportunidad de reivindicarme ante mí mismo y me aportaste todo lo que no pude recibir de otros. Contigo tuve una segunda oportunidad que, en ese momento y en ese lugar, en ese aquí y ahora, me  permitió perdonarme a mi mismo, por no haber estado suficientemente atento, por haber estado ocupado, en el pasado, en asuntos de escasa relevancia (el trabajo, los proyectos), y no de lo realmente esencial (mi familia). Afortunadamente no hubo desgracias que lamentar, pero sí mucho sufrimiento que compartir, lo mismo que en tu caso. Pero todo se puede superar cuando uno se pone a ello, los malos momentos y… los peores; todos  se pueden dejar atrás sin que nos marquen demasiado, se puede conseguir a base de deseo y de ilusión, reforzando el tesón y las ganas de vivir… de compartir, de darnos a los demás. Nada está perdido, recuerda el poema de Mario Benedetti que figura en el capítulo 9.3… 
           No te rindas, aún estás a tiempo…
Porque no hay heridas que no cure el tiempo
Porque cada día es un comienzo nuevo
No te rindas, por favor no cedas.
La empatía nos ayuda a relacionarnos con los demás pero a veces pasamos la línea divisoria y caemos en la apatía o la simpatía. Ambas no son buenas consejeras para poder mantener la estabilidad emocional. Hasta que no leí a E.Tolle no supe poner en su justo espacio a la compasión. Una vez que hice míos sus pensamientos sobre este sentimiento, sé valorar mejor los momentos en los que surge esa sensación. El maestro Tolle nos dice sobre ”la compasión”: La verdadera compasión es sentir una profunda empatía con el sufrimiento de otro Ser, lo que ciertamente requiere un alto grado de conciencia. Sin embargo, eso sólo es una cara de la compasión, ya que la verdadera compasión va más allá de la empatía o simpatía, no ocurre hasta que la tristeza se mezcla con la alegría, la alegría del Ser más allá de las formas. La compasión se manifiesta simultáneamente en el nivel del hacer y de los efectos, al aliviar el sufrimiento siempre que te tropieces con él. Cuando alguien te necesita y tú estás ahí, mientras le das lo que necesita, estás y esa interacción aunque sea breve, es un momento de Ser compartido, que es lo que realmente importa. En ese momento no hay dador ni quien recibe, los dos dan.

Sobre “el dolor”,  E.Tolle también nos aporta sus recomendaciones para conseguir evitarlo: “El dolor no puede prevalecer contra el poder de la presencia consciente. En el momento que lo observas, la identificación se rompe. Al ser testigo u observador, al estar presente, encuentras la fuerza interior que te aporta el poder del AHORA. La atención consciente sostenida corta el lazo entre el cuerpo del dolor y sus procesos de pensamiento y es entonces cuanto se consigue el proceso de la transmutación. La energía negativa del dolor se vuelve combustible para la llama de tu conciencia, has transformado el sufrimiento en conciencia. Eso lo habrás conseguido aceptando el dolor, aceptándolo sin identificarte con él, permaneciendo presente de forma sostenida, observando sin juzgar, en definitiva, viviendo en el ahora de forma consciente, consiguiendo ese poder que disipa la oscuridad y aporta luz a tu vida”.

Después de las nubes siempre vuelve a aparecer el sol !!!

No hay comentarios:

Publicar un comentario