Mi primer camino de Santiago, entre Lourdes y
Santiago (1.000 km caminando), me ayudó a entender muchas cosas y me dio la
oportunidad de encontrarme con el dolor y compartir el ajeno y el propio para
ayudar a sanar las heridas y, poco a poco, remontar el vuelo para seguir
adelante.
Los casi cuarenta días de caminata me
sirvieron para llegar a Melide, donde además de degustar su exquisito pulpo,
tuve la ocasión de llegar al fondo de un ser humano, una persona que necesitaba
hablar y que la escucharan, que necesitaba compartir su dolor para intentar
recuperar el equilibrio vital…
Ocurrió en A Garnacha y lo cuento en mi libro
“La CRUZ oculta la LUZ (los caminos de la historia y la historia de mis
caminos)”. He extraído parte del contenido de ese capítulo para tratar de
compartir con todos los que han vivido esta tragedia ferroviaria palabras que
podrían ayudarles a seguir adelante… y recuperar, ellos también, el equilibrio
vital.
Extracto del capítulo 9.23 Melide: Pulpo
y mucho más
La
comida y la sobremesa
…
entran dos preciosas peregrinas, jóvenes y españolas que son de Madrid,
empezaron en Sarria y van deprisa porque el sábado tienen que estar de vuelta
para trabajar.
Mientras ellas comen y nosotros seguimos con los chupitos, charlamos
y vamos conociéndonos... la confianza va creciendo y surgen las confidencias…
la que está a mi lado quiere algo muy especial y nos lo va contando. Al estar
sentada en mi banco, me elige a mí para
explayarse, para contarme cosas muy íntimas que nos van uniendo, que van
poniendo a flor de piel las emociones. La charla empezó a tocar todas las
fibras sensibles de nuestros cuerpos y eso me llevo a escribir al amanecer “mi
mensaje para S…”. Ella escribió en mi libreta el siguiente mensaje: "Te diré que sin amor no hay vida y que
lo que no me mata me hace fuerte; son dos de las frases que recorren mi cuerpo
y dos de las cosas que me hacen seguir con mi vida cada día. Con cariño desde
el camino, S…", mientras nuestros ojos se humedecían por la emoción.
Nos despedimos y cada uno fue en busca de su albergue. Al final no
coincidimos y solo nos vimos fugazmente… Ese encuentro me dejó algo marcado, me
trajo al presente situaciones pasadas y me ayudó a comprender mucho mejor el
sufrimiento y el deseo, la angustia y la esperanza, la intención y la voluntad…
y el afán de superación que habita en el ser humano.
Gracias a E.Tolle fui
consciente de qué era lo que ella necesitaba en ese momento, que no era otra
cosa que tener a alguien que escuchara lo que ella tenía que decir. Fueron unos
momentos de intensidad brutal, de fusión de nuestras almas, había conseguido
poner en práctica lo que el maestro dice en su libro “El poder del ahora” sobre “el
arte de escuchar”: No escuches sólo con la mente,
escucha con todo el cuerpo. Siente el campo de energía interior mientras
escuchas. Se creará un espacio de calma que te permite realmente escuchar sin
las interferencias de la mente. Estás dando espacio al Ser de la otra persona y
eso sólo se puede conseguir a través de tu propio Ser, de tu presencia.
Horas más tarde, durante la noche, recordé todo lo que habíamos
hablado y los sentimientos que habían aflorado en mí… y los recuerdos. Surgió
en mí la necesidad de decirle muchas más cosas a S…, la preciosa compañera de
mesa que me mostró su corazón mientras acababa con su pulpo.
Mi mensaje para S…: Hoy te vi, y tu alegría (y la de tu compañera) me iluminó ¿o fueron los chupitos? Dos
preciosas chicas jóvenes de Madrid y dos peregrinos que ya se iban y por
causalidad se quedaron enganchados allí, en casa de Ernesto (la
Pulpería A Garnacha), a seguir retroalimentándose mutuamente…
La charla fue como un río bravo de montaña, excavando las orillas,
lamiendo cada roca que encontró, moviendo cada piedra descuidada, remolinos de pasión,
de alegría y de dolor, promesas y deseos, ilusiones y certezas, risas y
lágrimas y dudas... las que nos acompañan siempre, desde que nacemos hasta que
nos vamos ¿o no? ¡Pues
no! Hay momentos en la vida en los que se acaba con la duda.
Nadie dice que sea fácil, pero no es imposible, igual que no es imposible
dormir dos horas y media sobre un banco de madera y despertar como nuevo,
descansado, relajado, con alegría e ilusión, con ganas de gritar al viento: ¡sí, S…, lo lograrás!, podrás
cumplir tu promesa, podrás vencer tu tristeza y sabrás lo que has de hacer.
Saldrás del cuerpo del dolor y lo harás desde la consciencia, serás capaz de
abandonar el sufrimiento y anular esos pensamientos que te tienen atrapada...
soltarás amarras y navegarás a favor del viento y la nueva brisa que surja de
ese proceso de transmutación nutrirá las velas para que tu velero surque el mar
y tu vida sea plena y maravillosa... y ya renacida, olvidarás las dudas, la
tristeza y el sufrimiento, y destilarás alegría por esos ojos que, húmedos
como los míos, compartieron charla y chupitos, sonrisas y lágrimas una tarde de
primavera en casa de Ernesto, en la pulpería de Melide, donde convergieron
nuestros caminos.
El dolor, la compasión y la esperanza
En mi charla con S…, ambos sacamos parte del dolor que llevábamos
dentro, cada uno por algún ser querido. Ambos teníamos heridas que aún
sangraban y aprovechamos ese momento para limpiarlas un poco, otra cura más que
ayudará a que finalmente cicatricen algún día.
En su momento, al producirse nuestro encuentro en Melide, expresé a
través del “mensaje para S…” lo que sentía en aquellos momentos…
Escribí en el libro “No sé si a ella le
sirvió, o no, todo aquello para crecer y fortalecer su ánimo” y con el tiempo tuve la respuesta… Un año después, cuando ya había escrito el
libro y estaba haciendo presentaciones del mismo, supe que a ella le sirvió aquel
encuentro como punto de inflexión para recuperar, no sin esfuerzo, el
equilibrio perdido.
Segundo mensaje para S…: Sí, tú me
ayudaste tanto y más de lo que yo te ayudé a ti, tú me diste la oportunidad de
reivindicarme ante mí mismo y me aportaste todo lo que no pude recibir de
otros. Contigo tuve una segunda oportunidad que, en ese momento y en ese lugar,
en ese aquí y ahora, me permitió
perdonarme a mi mismo, por no haber estado suficientemente atento, por haber estado
ocupado, en el pasado, en asuntos de escasa relevancia (el trabajo, los
proyectos), y no de lo realmente esencial (mi familia). Afortunadamente no hubo
desgracias que lamentar, pero sí mucho sufrimiento que compartir, lo mismo que
en tu caso. Pero todo se puede superar cuando uno se pone a ello, los malos
momentos y… los peores; todos se pueden dejar
atrás sin que nos marquen demasiado, se puede conseguir a base de deseo y de
ilusión, reforzando el tesón y las ganas de vivir… de compartir, de darnos a
los demás. Nada está perdido, recuerda el poema de Mario Benedetti que figura
en el capítulo 9.3…
No te rindas, aún estás a tiempo…
Porque no hay
heridas que no cure el tiempo
Porque cada día es
un comienzo nuevo
No te rindas, por
favor no cedas.
La
empatía nos ayuda a relacionarnos con los demás pero a veces pasamos la línea
divisoria y caemos en la apatía o la simpatía. Ambas no son buenas consejeras
para poder mantener la estabilidad emocional. Hasta que no leí a E.Tolle no
supe poner en su justo espacio a la compasión. Una vez que hice míos sus
pensamientos sobre este sentimiento, sé valorar mejor los momentos en los que
surge esa sensación. El maestro Tolle nos dice sobre ”la compasión”: La
verdadera compasión es sentir una profunda empatía con el sufrimiento de otro
Ser, lo que ciertamente requiere un alto grado de conciencia. Sin embargo, eso
sólo es una cara de la compasión, ya que la verdadera compasión va más allá de
la empatía o simpatía, no ocurre hasta que la tristeza se mezcla con la alegría,
la alegría del Ser más allá de las formas. La compasión se manifiesta
simultáneamente en el nivel del hacer y de los efectos, al aliviar el
sufrimiento siempre que te tropieces con él. Cuando alguien te necesita y tú
estás ahí, mientras le das lo que necesita, estás y esa interacción aunque sea
breve, es un momento de Ser compartido, que es lo que realmente importa. En ese
momento no hay dador ni quien recibe, los dos dan.
Sobre “el dolor”, E.Tolle también
nos aporta sus recomendaciones para conseguir evitarlo: “El dolor no puede
prevalecer contra el poder de la presencia consciente. En el momento que lo
observas, la identificación se rompe. Al ser testigo u observador, al estar
presente, encuentras la fuerza interior que te aporta el poder del AHORA. La
atención consciente sostenida corta el lazo entre el cuerpo del dolor y sus
procesos de pensamiento y es entonces cuanto se consigue el proceso de la
transmutación. La energía negativa del dolor se vuelve combustible para la
llama de tu conciencia, has transformado el sufrimiento en conciencia. Eso lo
habrás conseguido aceptando el dolor, aceptándolo sin identificarte con él,
permaneciendo presente de forma sostenida, observando sin juzgar, en
definitiva, viviendo en el ahora de forma consciente, consiguiendo ese poder
que disipa la oscuridad y aporta luz a tu vida”.
| Después de las nubes siempre vuelve a aparecer el sol !!! |
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